Shafilea Hamed, de 17 años, fue
vista por última vez con vida en septiembre de 2003 y su cadáver fue
encontrado en la orilla de un río en febrero del año siguiente. A finales del año pasado, sus padres, Iftikhar Ahmed, de 52 años, y
Farzana Ahmed, de 49, fueron acusados formalmente y procesados después
de que otra de sus hijas asegurara haberles visto asfixiar a Shafilea
con una bolsa de plástico. Según había indicado la
joven asesinada en una carta que escribió poco antes de morir, estaba
aterrorizada porque la querían obligar a casarse en Pakistán.
Esta es la cruda realidad que viven muchas mujeres, millones en el Mundo, por "desobedecer" las órdenes de sus pueblos, ejecutadas por sus propios padres. En este caso, la hija fue asesinada por sus padres a raiz de negar a un hombre, el cual había sido elegido por sus padres, como matrimonio de conveniencia.
Conocemos muchos casos, y no por ello nos estremecemos cada vez que salen a la luz en la televisión ó en la radio. Países como Pakistán, Afganistán, ó Irán, dictaminan asesinatos todos los días a la sombra de la Comunidad Internacional, que perpleja denuncia diariamente estas atrocidades.
Les denominan "asesinatos de honor", por rechazar a un marido, por ser infiel, por cometer actos presuntamente contrarios a los dictámenes familiares, originarios y políticos. Desde los países desarrollados, ó en vías de desarrollo, pedimos una amnistia social, una máxima protección a este tipo de casos que no queremos volver a oir jamás.
Desgraciadamente volveremos a ver imágenes crueles donde miles de mujeres son asesinadas por desobedecer un código "ético" ordenado por su propio país y secundado por sus maridos.
A continuación os dejo un artículo de Amnistía Internacional sobre este tema.
Lapidaciones en Irán
Al menos 14 mujeres y hombres se enfrentan a la
pena de muerte por lapidación en Irán después de haber sido declarados
culpables de "adulterio dentro del matrimonio", aunque no se tiene
noticia de que se haya llevado a cabo ninguna lapidación desde 2009.
Sakineh Mohammadi Ashtiani
continúa en riesgo de ejecución. Condenada en 2006 a morir lapidada así
como a una pena de prisión por su presunta implicación en el asesinato
de su marido, las autoridades iraníes supuestamente plantearon en
diciembre de 2011 la posibilidad de que muriese ahorcada en vez de
lapidada.
El Comité de Derechos Humanos, en sus conclusiones
sobre Irán publicadas el 2 de noviembre de 2011, expresó su preocupación
por toda una serie de cuestiones, incluida que la lapidación sigue
estando presente.
Pese a que el ahorcamiento es el método más
común en Irán, desde la Revolución Islámica de 1979, Amnistía
Internacional ha documentado al menos 77 lapidaciones, aunque la cifra
puede ser mayor, pues no se tienen datos desde 1979 a 1984. En la
legislación iraní se especifica que las piedras han de ser lo
suficientemente grandes como para causar lesiones y, al final, la
muerte; pero no tanto, como para matar a la víctima en seguida. Las
condenas de lapidación suelen imponerse a gente pobre o a otros miembros
marginados de la sociedad, en zonas rurales o remotas del país.
En
2002, el entonces presidente de la Magistratura declaró la suspensión
de las lapidaciones. Sin embargo, en enero del 2009, el portavoz de la
Magistratura manifestó que la directriz sobre la suspensión de las
lapidaciones dirigida a los jueces no tenía valor jurídico, por lo que
éstos podían hacer caso omiso de ella.
La Comisión de Asuntos Jurídicos y Judiciales del
Parlamento iraní recomendó eliminar del proyecto de reforma del Código
Penal una disposición que permitía la lapidación.
El nuevo Código penal ha sido aprobado a principios
de año por el Consejo de Guardianes, si bien el Presidente todavía no lo
ha firmado.
Aparentemente, el texto elimina la lapidación como
castigo para "el adulterio dentro del matrimonio" pero los
procedimientos de la lapidación permanecen presentes.
Además, existen disposiciones en la Constitución y
otras leyes que instan a los jueces a aplicar su conocimiento de la ley
islámica en casos en los que no exista derecho codificado, por lo que
podrían seguir imponiendo penas de lapidación.
Irán es Estado parte en el Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), por lo que está violando los
artículos 6 (derecho a la vida) y 7 (prohibición de tortura y de penas o
tratos crueles, inhumanos o degradantes) al permitir la muerte por
lapidación.
Discriminación contra las mujeres
La pena de muerte por lapidación afecta de forma
desproporcionada a las mujeres en Irán. Esto, es debido, en parte al
hecho que las mujeres no tengan el mismo trato que los hombres ante la
ley y los tribunales, lo que constituye una clara violación de los
artículos 2, 3,14 y 26 del PIDCP. Incluso, en algunos delitos el
testimonio de un hombre tiene tanto valor como el testimonio de dos
mujeres, y el de las mujeres solas no se admite.
En el caso del
adulterio, a los hombres se les permite tener cuatro esposas permanentes
y un número ilimitado de esposas temporales, las mujeres sólo pueden
tener un esposo a la vez. Mientras que los hombres pueden divorciarse a
voluntad, las mujeres tienen limitado el derecho al divorcio.
Tanto
es así, que en procedimiento de lapidación, los hombres tienen que estar
enterrados en un hoyo casi hasta la cintura; sin embargo, las mujeres,
casi hasta el pecho. Porque la ley dispone que, cuando la sentencia
condenatoria está basada en una confesión, si la persona condenada
escapa del hoyo, no puede ser lapidada de nuevo.
Campaña contra la lapidación
Este movimiento contra la lapidación comenzó el 1 de
octubre de 2006, cuando un grupo de activistas fueron propagándolo
desde Irán. Están encabezados por la abogada Shadi Sadr y las periodistas Mahboubeh Abbasgholizadeh y Asieh Amini, y a su vez apoyadas por otros activistas de fuera de Irán como Soheila Vahdati. La campaña se denomina “Detengan las lapidaciones para siempre”. Desde entonces se han salvado de la lapidación al menos 13 mujeres y 2 hombres. Otras, como Shamameh (Maek) Ghorbani que fue condenada a morir lapidada en junio de 2006, se le anuló la pena en un nuevo juicio, condenándola a 100 latigazos.
Una
de las razones del éxito para impedir las lapidaciones, son las
campañas locales e internacionales y las acciones de profesionales del
derecho. En algunos casos, ha sido efectivo el uso de argumentos basados
en el derecho islámico para impugnar la legitimidad de las sentencias
condenatorias derivadas del “conocimiento del juez”. Como lo ha sido
también, la obtención de “fetuas” de líderes religiosos musulmanes, en
las que se establece que no deben imponerse condenas de lapidación. En
Irán se ha reprimido la campaña y se ha sometido a hostigamiento a
quienes participan en ella: algunas personas se han visto obligadas a
abandonar el país para proteger su seguridad, viviendo ahora en el
exilio.
También muchos profesionales de la abogacía han sido
objeto de amenazas y hostigamiento para impedir que den publicidad a
estos casos: Tal es el caso de Mohammad Mostafaei; vinculado a Sakineh Mohammadi Ashtiani, que tuvo que huir de Irán por razones de seguridad en julio de 2010. Otro abogado, Javid Houtan KIyan le
han quitado documentación de sus archivos, su ordenador portátil que
contenía información de varios casos de lapidación, etc. En octubre de
2010 fue detenido junto con el hijo de Sakineh, en medio de una
entrevista con dos periodistas alemanes. Tememos que estas detenciones
tengan por objeto silenciar el caso de Sakineh al mundo exterior.
Además, esta detención la deja indefensa y a merced de un sistema de
justicia arbitrario.